La asociación cultural Chozas de la Sierra, se crea en el municipio madrileño de Soto del Real, siendo su denominación original Chozas de la Sierra. Este término se modificó en los años 50 por conveniencia del Arzobispo Morcillo, al que parece no hacía muy feliz denominar así a su lugar de nacimiento. Sin embargo, ahí nace precisamente el motivo de nuestra denominación, como gesto reivindicativo para la recuperación de este topónimo, suprimido sin motivos de peso.

La iniciativa surge de un grupo de vecinos, procedentes de lugares muy diversos de la geografía, no sólo española, que eligen este lugar para vivir por muchas y variadas razones entre las que se encuentra el entorno natural que rodea a esta localidad y que no es otro que el conocido como “Parque de la Cuenca Alta del Manzanares”, perteneciente a la Sierra de Guadarrama.

A continuación os ofrecemos unas breves pinceladas sobre el medio que nos rodea para que entendáis por qué estamos aquí.

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Como bien nos recuerda Julio Vías[1], La Sierra de Guadarrama es “modesta en altura y extensión aunque no así en importancia geográfica y territorial, variada en paisajes y, sin embargo, singular en los aspectos geológico, botánico, hidrográfico y climático; constituye una entidad con personalidad propia y muy acusada dentro del conjunto de cadenas montañosas que forman el Sistema Central español”

Abedular de Canencia

(….) “Obedeciendo a la progresiva disminución de la temperatura y el aumento de la pluviosidad que se produce al ascender en altitud, la vegetación se sitúa en gradientes o escalones, que determinan las series vegetales típicas del Guadarrama: encinares en el piedemonte y en las bajas laderas, robledales en las faldas, y pinares, piornales y enebrales rastreros en las altas vertientes. Más arriba, coronando la sierra, pastizales secos y resistentes al frío. A estas series principales, los botánicos añaden las llamadas series “riparias”, es decir, aquellas formadas por la vegetación que se alinea siguiendo las riberas de ríos y arroyos, y otras que constituyen los restos de la vegetación de otras épocas y otros climas, como los venerables sabinares del piedemonte segoviano y algunas manchas de abedular que salpican pequeños enclaves del fondo de algunos valles y laderas umbrías”.

En estos ambientes habitan numerosas especies entre las que destacan algunas rapaces (águila imperial ibérica, buitre leonado, halcón peregrino y águila real, entre otras), rebecos, jabalíes,  pequeñas aves, anfibios y reptiles y, en los últimos años, se ha reintroducido la cabra montés. Asimismo destaca por su riqueza acuática el embalse de Santillana donde hay gran abundancia de anátidas, algunas de ellas protegidas.

Se trata del espacio natural protegido más amplio de la Comunidad de Madrid en el que podemos contemplar algunos de sus ecosistemas mejor conservados, que van desde las altas cumbres de la Cuerda Larga a las inmediaciones del Monte de El Pardo, con sotos fluviales, zonas húmedas, tupidos bosques y el excepcional paisaje de La Pedriza.

En cuanto a las singularidades a las que hace mención Julio Vías, en Soto, tenemos el privilegio de vivir contemplando a diario una de ellas. Nuestra localidad se ubica precisamente al pié de los relieves graníticos de La Pedriza, uno de los enclaves que destaca por su singularidad geológica. “Se trata de una formación rocosa de gran envergadura donde la vegetación queda relegada a un segundo plano, ante la abrumadora presencia de lo mineral”[2].

Juan Carandell (1893-1937), geólogo, fue quien nos reveló su secreto, al destacar por primera vez el papel primordial de las diaclasas en la formación de este paisaje. Estas diaclasas no son otra cosa que las líneas de fragmentación de la roca por donde el agua y el hielo han encontrado su punto de penetración y actuado en la roca durante miles de años otorgando a este espacio las formaciones tan espectaculares que conocemos.

Pero La Pedriza, no es solo vegetación y paisaje, ha aportado también a los habitantes de sus inmediaciones una forma de vida al posibilitarles diversas formas de aprovechamiento. La más antigua, el pastoreo de ganado cabrío, único animal capaz de buscarse el sustento entre tanto pedregal. Así en 1762 se señalaron como únicos pastizales autorizados para rebaños de cabras los situados en las laderas de La Maliciosa, la sierra de los Porrones, la Pedriza de Manzanares y alguno más. Más tarde se introdujeron, si bien en las zonas más llanas, ovejas y vacas. Otro aprovechamiento importante, aunque realizado sobre todo en las zonas más bajas de las laderas, fue la extracción de la piedra de granito para la construcción. De aquí se extrajo la piedra que sirvió para la construcción del monasterio de El Escorial y otros grandes edificios de la corte. Pascual Madoz en 1847, señala que las grandes esculturas de San Lorenzo y de los seis reyes bíblicos labradas por el escultor Juan Bautista Monegro en 1584 para el monasterio, se sacaron de un mismo berrueco (peña de granito) situado al pie de las Machotas, en el lugar conocido como Prado de los Reyes y al pie del cual se conserva esta inscripción: “Seis reyes y un santo / salieron de este canto /y quedó para otro tanto”

La charca verde. La Pedriza

Los valores naturales, científicos y culturales, que encierran estos paisajes graníticos fueron causa de distintas iniciativas de protección, la primera de las cuáles llegó en 1930 otorgándole la clasificación de “Sitio Natural de Interés Nacional”, figura más bien simbólica y muy poco efectiva ya que se toleraron innumerables despropósitos urbanísticos. No será hasta 1985, con la declaración del “Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares”, que esta superficie  alcance, por primera vez, cierto grado de protección eficaz. En 1992, este parque entró a formar parte de la red internacional de Reservas de la Biosfera por la armonía lograda entre el desarrollo de las poblaciones locales y la conservación del medio natural.

 

Hoy, con las expectativas creadas hacia la inclusión de la Sierra de Guadarrama en la Red de Parques Nacionales, esperamos que definitivamente se le confiera a este espacio la salvaguarda que se merece.

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[1] Julio Vías Alonso, lleva más de 20 años dedicado al periodismo ambiental y a la divulgación de temas relacionados con el medio ambiente. Fruto de su labor en defensa de la naturaleza, centrada en los últimos años en la sierra de Guadarrama, es la publicación de varios libros, reportajes y ponencias sobre el tema.

[2] Julio Vías Alonso. “La Sierra de Guadarrama. Biografía de un Paisaje”