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La Gaceta de Chozas entrevista a Ana María Martín Gaite

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUna de las obsesiones de Carmen Martín Gaite antes de morir era el legado de la memoria. “¿Anita, qué hago con el legado de la memoria? Solo quedas tú”, le decía a su hermana. Ana María Martín Gaite, la última de Filipinas, como ella dice, escuchó con atención aquella pregunta que un día le hizo su hermana, y aunque detrás de ella venga el diluvio, ha construido un arca para salvaguardar el legado de Calila, como la llamaban en casa, y gracias a su proyecto actual, también el de los escritores de su generación.

El pasado 24 de abril arrancó en El Boalo el I Congreso Internacional “Un lugar llamado Carmen Martín Gaite”, el primero de otros muchos que vendrán organizado por la Universidad Autónoma de Madrid y con la presencia de expertos en la obra de Martín Gaite. Detrás, el arca del legado, Ana María Martín Gaite, quien ha luchado por hacerlo realidad. Nace de manera modesta, pero con un propósito firme: que se hable, se estudie y se lea a los autores de los años cincuenta. Los Prados es la finca situada en El Boalo donde se encuentra la casa familiar de los Martín Gaite, y será la sede que albergará el centro de estudios. En 2013 ha arrancado con el congreso internacional, al que acudieron asistentes de América, Italia y Francia entre otros. Más adelante, indica Ana María, se puede estudiar a otros tantos que compusieron esa generación y que no siempre han tenido el reconocimiento que merecen.

Ana María nos abre las puertas de su casa; dice que con el tiempo tiene la sensación de que la gente se cierra cada vez más, y ella sin embargo se abre a lo nuevo, lo fresco, lo joven, quiere que esta casa la llenen jóvenes con muchas ganas de aprender y estudiar. Con la calidez del que hubiese dejado una conversación a medias y la retomara, nos recibe, hilamos de nuevo, miramos al interlocutor y empezamos. Sus silencios son emotivos y elocuentes, tanto como sus palabras.

José B. Luna: Ana María, cuéntenos, ¿en qué punto se encuentra el proyecto?

Ana María M. Gaite: La Universidad Autónoma y la Universidad Carlos III son las que lo van a patrocinar. Ya estamos perfilando cuestiones ante notario, pero la cuestión principal es que haya tiempo…, porque yo tengo muchos años. Han sido años duros, porque no es mi profesión, pero era un legado que había que cuidar y además como hemos tenido vidas muy distintas ella (Carmen) y yo; muy unidas, pero muy distintas, hasta que me he enterado de cómo trabajaba, lo que hacía, me ha costado mucho tiempo. Han sido 10 años de poner en orden todo, un legado impresionante, porque hizo de todo: narrativa, historia, ensayo, teatro, cine, traducción. Y ha sido muy difícil hasta que se ha podido digitalizar todo. A día de hoy todo está en el archivo de la Junta de Castilla y León, pero aún queda mucho más, muchísimo trabajo por hacer, su producción fue enorme. Entre otras cosas, traer aquí su biblioteca, y hacer una obra que terminé el año pasado, a pesar de mis muchos años, porque claro, aquí ya no había espacio. Ha habido que hacer una torre y allí se ha puesto todo (señala a través de la ventana). De hecho hay dos investigadores, un francés y un americano que están haciendo un guion sobre Caperucita en Manhattan, y están aquí en casa. Y luego tengo también gente que está inventariando su biblioteca. Este verano he inventariado la casa entera, absolutamente todo. Ha habido fotógrafos dejando constancia de todo lo que hay. Ha sido duro…

JBL: Es todo un acto de generosidad lo que está haciendo.

AMMG: No, me gusta que la casa tenga un sentido. Ella tenía un piso precioso en Madrid, pero en un ático no se puede hacer nada apenas. Mejor aquí, en una casa con historia donde han vivido tres generaciones importantes. La de mi padre, la de mi hermana y mía y la de la niña, que se murió, pero que pertenecía a una generación que hoy se está llevando todos los premios nacionales, y todos ellos han estado aquí desde niños… Aquí hay mucha historia, pero historia joven porque tanto Carmen como yo siempre hemos huido del pasado; el pasado está ahí, ha enriquecido esta casa, pero ahora es gente joven lo que yo quiero aquí, y de ahí la idea. En efecto, viene mucha gente joven. Ha habido un congreso (I Congreso Internacional “Un lugar llamado Carmen Martín Gaite”) y no os podéis imaginar lo que ha sido. Han venido americanos, franceses, ingleses, italianos, una pasada. Pues igual que se ha hecho sobre la obra de mi hermana, se puede hacer sobre distintos autores de esa generación, que es la mía también.

La generación del Medio siglo, de los cincuenta, los niños de la postguerra, como se les denomina según criterio, fue muy prolífica. Algunos estuvieron en contacto, como el grupo de Madrid que fundó la Revista Española, entre los que se encontraban Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa, Alfonso Sastre, Josefina Rodríguez, Rafael Sánchez Ferlosio, entre otros. Su situación era adversa: tenían que escribir salvaguardando todos los parámetros doctrinarios del régimen franquista para evitar la censura. Sin embargo, hicieron una labor que los medios de comunicación no podían afrontar, pues estaban más sometidos a presión y no contaban con el poder para literaturizar la denuncia, que sí tuvieron los escritores de esa época, y que aprovecharon para describir la España gris en la que vivían. Para saber cómo era la vida en España tras la guerra, tenemos que acudir a su literatura.

Bautizo de la Revista Española.

Bautizo de la Revista Española.

AMMG: Es curioso lo de esa generación. Eran muy jóvenes y no se enteraron de que estaban ahí, pero la generación del medio siglo fue la precursora de la entrada de la democracia, sí. Todos esos chicos, jovencísimos, escribían, pero no vendían nada y además, fijaos, no se enfrentaron con el Régimen, tuvieron esa habilidad; denunciaron sin parar. Mi cuñado Rafael con El Jarama; mi hermana Carmen con sus cuentos y Entre visillos; Delibes el campo español; los Goytisolo la parte catalana… Hacían un retrato de lo que veían, y lo que veían era durísimo. Sin embargo, como te decía, como no publicaban o lo hacían y no se vendía apenas, pues no se enteraron de ellos, pero siguieron adelante. Y así como los exiliados perdieron el tren de España porque se tuvieron que marchar y los pobres no pudieron volver, esta generación no obtuvo el eco que se merecía, perdieron también de alguna manera el tren. Es dura la distancia, llega un momento que te hace no saber qué ocurre realmente en tu país. Recuerdo que coincidí con Madariaga en Londres, tuvimos una conversación, y al terminar pensé: este señor no sabe lo que hay en España. Todo ha ido avanzando así, pero pese a los reconocimientos, que los ha habido, aquí estamos intentando darles un sitio. Pero, volviendo a lo de antes, nosotras estudiamos en Salamanca, una ciudad levítica, regida por los jesuitas, donde era dificilísima la ruptura, muy complicada, pero tampoco pretendíamos la ruptura, queríamos denunciar lo que pasaba. En mi caso, no tenía salida con mi carrera, no podías esperar nada aquí, y gracias a un novio que tuve que me dejó, maravilloso novio por cierto (risas), me fui a Francia. Los idiomas los teníamos desde niñas, luego recalé en Ginebra e hice una oposición y allí he estado muchos años. Yendo y viniendo, porque nunca he querido puestos fijos. Era raro en aquella época que una mujer ocupara esos puestos, y fíjate, España no estaba representada y trabajábamos en la parte sudamericana. Esto me permitió tener una visión global de cómo estaba Europa, cómo estaba España. Lo cierto es que era raro que la mujer decidiera y ocupara puestos de ese tipo.

JBL: ¿Cómo le gustaría que se estructurara la formación?

AMMG: No pongo condiciones. Quiero que se estudie a los autores de esa generación, que se hable de ellos. Si es mediante la fórmula de los congresos, perfecto. Además, si son ponencias de cuatro perras.

JBL: ¿Quién ha pasado por esta casa Ana María?

AMMG: uhhh (nuestra anfitriona se recuesta sobre el orejero y mira hacia arriba). Pues todos, por aquí han pasado todos. Mi padre fue un jurista conocido, que defendió los derechos de la mujer, se podría estudiar más la figura de mi padre, la verdad. Las personas que pasaban por aquí eran muy variopintas, porque en su época la gente tenía una cultura muy vasta. Un día venía un médico, otro un jurista, porque ahora hay demasiada especialización. Ha habido mucha historia aquí, por eso no quiero que se pierda esta casa, porque soy la última de Filipinas, después de mí, el diluvio. Si se puede hacer se hará, y si no, yo he hecho todo lo que está en mi mano (sonríe).

JBL: Además del interés de las universidades españolas, ha habido universidades extranjeras llamando a la puerta.

AMMG: Americanas, sí. Las universidades americanas están aquí constantemente, hay mucho interés por su parte en el proyecto y en la obra de Carmen. Aquí también. Ayer me llamó Juan Cruz, me decía que estaba interesado en saber del proyecto, y le dije, ¡pues vente a verme!

JBL: Su padre nunca las llevó al colegio, las educó en casa. Con ello, las aisló de la cultura doctrinaria del régimen propiciándoles una buena educación en mayúsculas.

AMMG: Además en plena guerra yo estudié en el Instituto Escuela y eso no me lo perdonaron. Pero en mi familia siempre hemos estudiado en casa mientras que hubo la posibilidad. Mi sobrina Marta también estudió en casa. Yo lo defiendo, relativamente, porque considero que es élite, hay que considerar que haber estado en el Instituto Escuela es élite. Sin embargo, también hay que calibrar, es una educación bonita, libre, pero no se la recomiendo a todo el mundo. Tienes que tener una familia, una cultura… Pienso que no sé si nos merecemos esa educación, porque ha sido un regalo y a veces me siento apesadumbrada de que no todo el mundo haya podido recibirla.

Entran en la estancia, un salón lleno de recuerdos, William y Richard, las dos personas que están elaborando el guión de Caperucita en Manhattan. Le piden a Ana María las llaves del ático de Doctor Esquerdo, el piso donde vivió Carmen en Madrid, y del que de cara al proyecto en ciernes, se ha trasladado todo a El Boalo, a esa torre que se construyó el año pasado.

Dibujo en una de las ediciones de Caperucita en Manhattan

Dibujo en una de las ediciones de Caperucita en Manhattan

AMMG: A Carmen le fascinaba América, porque es un país joven y ella era muy joven de espíritu. Allí se encontraba como pez en el agua. A este chico, el americano que está aquí haciendo el guion, lo conoció Carmen en América con 18 años, y mira lo joven que es pero han viajado juntos muchísimo, han vivido muchísimas cosas juntos. Era joven, iba hacia lo joven. Sobre todo desde que se murió su hija.

Ana María hace una breve pausa, con la mirada fija en algún punto distante de la habitación, emocionada, pero en seguida su sonrisa nos invita a continuar conversando.

JBL: Investigadores, colaboradores, sois como una familia.

AMMG: Sí. Sabéis, noto que la gente se va cerrando con el tiempo. Yo al contrario, me voy abriendo. Siempre he estado abierta a lo nuevo pero ahora más que nunca quiero que entre aire fresco. Como te digo: ¡el pasado es pasado y ya está! Tenéis que traer aire fresco vosotros y llenarlo todo con él. Mira, el otro día pasaba por el pueblo y me encontré a los chavales que me saludaron: “Anamari, ¿dónde vas?” Y tras preguntarles qué hacían me dice uno de ellos: “Aquí estoy con estos frikis”. Pero ¿qué es un friki?, le dije. Me lo explicó y ahora a todos los que vienen por aquí los llamo frikis (risas).

JBL: La tarea de enfrentarse a un legado, discernir qué se publica y qué no. Separar, indagar, encontrar, debe ser ardua y en ocasiones dolorosa…

AMMG: Sobre todo siendo heredero.

JBL: ¿Cómo se enfrentó a ello?

AMMG: Carmen antes de morir me dijo que había que tener cuidado con el pelirrojo de Ohaio y yo sé lo que quería decir. Lo que me transmitió es que tenía que tener muchísimo cuidado, cuando no queda nadie detrás, con los hispanistas ambiciosos de publicar. Tuve que destruir muchísimo: correspondencia personal con mi padre, con su marido, con su hija. Todo eso lo destruí, a veces llorando, pero lo hice. No queda nada más. Guardé lo de Benet (correspondencia publicada recientemente), queda algo de otra muy bonita con Ignacio Álvarez Vara, un crítico taurino, que también es un gran escritor, y también algo con Amancio Prada. Pero esta correspondencia es absolutamente literaria, nada personal. Queda lo que ella publicó, y lo que yo he considerado que debía publicarse.

De lo que yo estoy más satisfecha son los Cuadernos de todo. Esa obra es lo mejor que ha escrito esa mujer. No sabéis cómo dudé antes de publicarlo. Por respeto, porque pensaba, ¿le gustará?, pero luego seguía leyendo por la noche y me decía: ¿pero cómo no le iba a gustar que esto saliera? Hasta que un día me puse en contacto con Vittoria Calvi, en Milán, y le propuse viajar allí para verlo personalmente con ella. Vittoria dijo que era bellísimo, pero mi preocupación era que no teníamos el permiso de Carmen para publicarlo. Sin embargo, después de muchos días de lectura de los cuadernos (cerca de un centenar con todas las anotaciones, trabajo al margen, investigación, en definitiva, la intrahistoria de la obra de Carmen), con ellos para aquí y para allá, Vittoria me dice: “Mira lo que dice aquí, Ana María”. Y en uno de los pasajes dice: “Si tuviera ganas y fuerzas, tal vez un día haría una publicación de todo esto”. ¡Ya nos ha dado permiso! Vittoria fue meticulosa, impresionante el trabajo que hizo y tuvimos mucho respeto en todo momento. (En ese momento suena el teléfono por segunda vez desde que empezamos a hablar). El teléfono es lo peor que puede existir. Se acabó, con esta llamada no contesto más.

JBL: ¿Y Los parentescos?, su obra póstuma.

AMMG: Ese día me quemaba aquello, porque la verdadera enfermedad fue esa novela, allí arriba, unas noches perras, sin parar de escribir. Eso lo sabía Herralde, se lo di y le dije que hiciera lo que quisiera con ello. Es precioso ese libro. Y es una pena que sea tan corta la vida, con las cosas que nos quedan por hacer…, pero bueno, os lo digo con noventa años (risas).

JBL: El personaje protagonista de Los parentescos, Baltita, es un niño, representa el espíritu joven, aquel que su hermana tenía y que plasmaba en sus novelas. Es impresionante cómo en el ocaso de su vida se metió en la mente de un niño para su última novela.

“Calila, ¿hacia dónde vas?”

“Voy hacia la magia”

AMMG: Calila, porque en casa la llamábamos así, le decía yo, ¿hacia dónde vas? Ella al final me contestaba: voy hacia la magia. Y yo la he entendido, pero no quiero interpretarla. Aquella parte en la que él se mete en el alma del padre para salvarle aunque suponga su destrucción, es magia. Fíjate siempre se ha encasillado a Carmen en el realismo, sin embargo era muy gallega, como mi madre, y estaba más cerca del realismo mágico de lo que se cree. Yo soy muy castellana, y nunca las he entendido a ninguna de las dos, pero me han fascinado. Cuando alguien ahora me dice yo conocía a Carmen, me da la risa, ¡que me lo explique!, porque eran… Tenían mucho dentro, interiorizaban mucho. Parecían muy extrovertidas, aparentemente, porque se han ido a la tumba con todo. Entre ellas, diréis que es una estupidez mía, había un lenguaje propio que solo ellas entendían. Veréis, un día vino Carmen a comer y estuvo brillante, divertidísima, contándonos sus cosas. Al irse, mi madre me dijo: ¡qué triste está!, y yo sorprendida, llamé a mi hermana y le dije: mira lo que dice mamá, que estás triste. Carmen me contestó: y tan triste que estoy. Había un lenguaje entre las dos, algo muy gallego. Era muy bonita la relación entre las dos.

JBL: Ver al otro por dentro…

AMMG: ¡Sí! Te voy a contar una anécdota. Mi madre se murió a los veinte días de la muerte de mi padre. El médico de mis padres, Frieiro, gallego, me dijo un día: se nos muere y no sé el por qué. Se lo conté a ella: Madre, que me dicen que estás muy mala, ¿qué te pasa? Y me decía: Es que estos del alma no saben nada, de eso están en blanco. Cuando se murió se lo conté al médico y me dijo que del alma no se moría nadie. Sin embargo hace poco fui a visitarlo y me dijo: Sabes Ana María, estoy enfermo del alma… Le dije: ¡ahora lo has entendido!

JBL: ¿Cómo fue su etapa en Ginebra?

AMMG: Trabajé como documentalista en la ONU, pero no formé parte de la plantilla fija. El compromiso me horroriza. El trabajo era una cosa mecánica al fin y al cabo. Fui enlazando contratos eventuales y pasaba temporadas aquí. A la muerte de mis padres estuve ocho años seguidos, a la muerte de Marta ya no volví más. Para mí, en contra de lo que digan, Suiza era tranquilizadora. Allí nunca ha pasado nada, llegabas y veías el lago, la vaquita que la ponían por la mañana allí quieta… Suiza me ha reconfortado en momentos difíciles de mi vida. Luego también te ofrece la perspectiva de París, Viena, Italia, que al fin y al cabo están a tiro de piedra en tren y si combinabas bien los horarios te podías pasar el fin de semana en París viendo una exposición y volver el lunes. Como además pagaban de burrada, te lo pulías y listo.

JBL: Allí coincidió con Valente.

carmen m gAMMG: Bueno, en realidad le conocí en Galicia. Él era de Orense y coincidíamos cuando pasábamos los veranos allí con mi familia desde niños. Luego, es cierto, volvimos a coincidir en Ginebra. Pero verás, ahí hay una relación muy rara y poco estudiada: la de Valente y mi hermana Carmen, la de Valente y esta casa. Les dieron el Premio Príncipe de Asturias de las Letras juntos; acababan de morir sus hijos, el hijo de Valente, y la hija de Carmen. Además era un año en que los premiados eran todos viejos, que los tenían que subir a cuestas, y sin embargo al ver llegar a aquellos dos, ya mayores, como dos críos agarrados de la mano, ella con un lazo, parece que la veo, se levantó todo el auditorio y rompieron en aplausos, fue maravilloso. Luego se murió Valente y a los dos días se murió mi hermana Carmen. Lucila, la hija de Valente, ha sido como una hermana de mi sobrina Marta. Ha habido siempre una relación entre las familias. Sin embargo, cuando yo volvía de Ginebra me decía Carmen: “¿Y ese vanidoso, está escribiendo?”. Y cuando iba, Valente me decía: “¿Y esa bruja, qué hace?”. Vino una vez un periodista de Público, y todas las preguntas que me hacía eran sobre él. Cogí el teléfono, llamé a Lucila, su hija, e hicimos una entrevista a dos bandas. Fue muy interesante; ella siente amor-odio por su padre, y en ocasiones yo puntualizaba o dulcificaba momentos muy duros con otros recuerdos.

JBL: ¿Llegó a conocer a Unamuno?

AMMG: Sí. Era cliente de mi padre. A Unamuno, decía mi padre, había que oírle lunes, miércoles y viernes, y martes y jueves se repetía. Había unas tertulias en Salamanca, en el paseo de la carretera de Armuña donde iban el obispo, Unamuno, mi padre, un médico, el profesor de arte, etc. Todos oyendo a Unamuno, porque no consentía que hablara otro. Normalmente, recordaba mi padre, él y Unamuno se quedaban rezagados y luego mi padre le acompañaba a su casa. Al llegar, le decía, “Ahora le acompaño yo a usted de vuelta”, y así se podían tirar hasta las dos de la mañana de tertulia. Hay un telegrama que no he podido encontrar, no sé dónde estará, creo que estaba en ese mueble de allí (señala un bargueño situado al lado de un mirador), que es un telegrama de Unamuno a Franco, solicitándole que no se realizara el primer fusilamiento en el 36, que fue el hermano de mi madre y el alcalde del pueblo donde vivían. El telegrama lo envió Unamuno, ya detenido en su casa. Es un texto precioso. Lo tengo que buscar…

JBL: ¿Cómo puede beneficiar el centro de estudios a la cultura de los pueblos de alrededor?

AMMG: Si lo cogen esas dos universidades, puede tener mucha importancia. He hablado con el rector de la Autónoma, un físico distraído, pero me ha gustado su criterio, y a él le planteé lo mismo que te estoy diciendo aquí, que se pueden hacer muchas cosas, muchas. Este lugar, Los Prados, puede ser suelo para las dos universidades interesadas en la zona norte y la Comunidad de Madrid debería apoyarlo. Es un patrimonio cultural que estoy dispuesta a legar si se aprovecha y se centra en el estudio de la generación de los cincuenta, claro.

JBL: Cuenta también con el apoyo del alcalde de El Boalo para que no se recalifique el suelo de Los Prados y corra el riesgo de ser urbanizado.

AMMG: De momento sí. Javier, el alcalde, tiene esa firme intención y espero que se cumpla, pues tener este lugar, con este centro de estudios, puede ser un privilegio para la zona. Si la Comunidad, los pueblos de los alrededores, las universidades, no lo valoran, perderán, sinceramente, una gran oportunidad, seguro. A ver si llego, ¿creéis que lo voy a ver?

JBL: Pues claro, ¡lo tienes que inaugurar!

AMMG: A ver, a ver… (risas)

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